En medio de la carretera, Zoro intentaba dormir el dolor. Una viajera lo vio, nos escribió y un chico de un parqueadero lo resguardó hasta el traslado. En clínica confirmaron lo que temíamos: miasis profunda en la cabeza, fiebre y espasmos por el dolor.
Le retiraron larvas, limpiaron las heridas y comenzaron antibióticos y curaciones diarias. Hoy, cuando nos mira y mueve la cola, sabemos que quiere levantarse. Con tu ayuda, vamos a terminar su tratamiento y llevarlo a un hogar de paso.








